Hola a todos!
Después de unas estupendas vacaciones y de un constipado intermitente, ahora lo tengo, ahora no,… me pongo en marcha con nuevos y jugosos contrastes. Espero que os gusten.
Hoy os voy a contar la historia de un buen amigo, Fernando Pérez.
Fernando es de esas personas que causan admiración por su tesón, por su valentía, por su cabezonería (se tiene que notar que es maño) y sobre todo por su incansable afán de perseguir sus sueños hasta conseguirlos.
Las costumbres de las personas mayores varían mucho de unos países a otros.
Por lo general, como latinos que somos, a los españoles nos da por sentarnos a ver pasar el tiempo, somos bastante sedentarios. Las actividades más comunes que los mayores españoles realizan son juntarse con cuatro amiguetes para echar la partida, ir a andar un poco haciendo la ruta del colesterol y , de cuando en cuando, hacer un viaje con el Imserso. Pero lo que más gusta a los mayores, es visitar a su médico de cabecera una vez a la semana, para estar tranquilos.
Los mayores españoles son muy distintos, por ejemplo, de los alemanes, muy activos, de los japoneses, muy viajeros, o de los chinos, personas nada sedentarias que cuidan de su salud a diario.
Siempre digo que no hay nada como viajar y conocer otras culturas para valorar la nuestra propia.
Viajando a un país como Japón, uno se encuentra con que no sólo ha cambiado de continente, sino también de planeta. Algunas de sus costumbres son completamente imposibles en países como España. Hay infinidad de ejemplos y uno de los que más me llamó la atención fue la diferencia entre las cabinas de teléfonos japonesas y las españolas.
Japón es uno de los países más increíbles que he visitado y es que no deja de sorprenderme.
Acabo de leer una noticia muy, muy curiosa, en la web periodista digital. Una medida que han tomado allí.
Todo aquél que se ha interesado por la cultura japonesa sabrá el sentimiento de unidad, como país, que existe en su sociedad. Si algo no es bueno para el país, es rechazado, aunque sea muy lucrativo. Ante todo, está el país y el futuro que les dejan a las generaciones venideras. Gracias a ese espíritu y a su gran capacidad de superación y sacrificio, Japón ha pasado de ser un país arrasado por la segunda guerra mundial, a ser, en menos de 4 décadas, la segunda potencia económica mundial.
Debido a esta forma de pensar y de vivir, una de las preocupaciones más importantes que tienen actualmente es la baja natalidad. En Japón hay dos personas mayores de 65 años, por cada niño y la falta de mano de obra para el futuro a medio plazo está comprometida si la tasa de natalidad sigue bajando año tras año.
Sabiendo esto, se han tomado medidas para atajar el problema y aumentar el número de niños nacidos por año y, aunque pudiera parecerlo, la medida no viene por parte del gobierno nipón, sino que es una medida llevada a cabo por empresas privadas. Esto nos da una idea de lo diferentes que somos. Mientras en España sólo pensamos en cómo terminaremos el mes, o como mucho, el año, en Japón se preocupan por cómo dejarán el país a sus hijos y a sus nietos.
Ayer, una vez más, me emocioné viendo ‘Pekin Express’. Este programa ha demostrado que los realities tipo Gran Hermano, realities aburridos, soporíferos, vacíos de contenido, de valores y de interés, han muerto.
El programa, que a priori podría haber sido un reality sin más, ha terminado siendo uno de los mejores programas que he visto. En él se ensalzan valores como la superación, el esfuerzo, la amistad y la integración en culturas tan diferentes. Desde el primer capítulo no he dejado de pensar qué hubiera pasado si los chinos desde Pekín hubiesen hecho un ‘Spain Express’ (o ‘Chipanya Express’, como dirían ellos). Estoy seguro que habrían podido llegar hasta Rusia, haber superado los Urales e incluso adentrarse en los países del este como Hungría. Pero qué diferente habría sido su programa al llegar a tierras Europeas centrales. ¿Os imagináis cruzando a seis parejas de concursantes chinos toda Alemania, Suiza, Francia y llegar a España sin un euro y haciendo autostop?. Imposible, simplemente, imposible.